Nos encontramos en una situación extraordinaria que estamos sufriendo a nivel mundial, causada principalmente por la inflación y la escasez de materias primas y semiconductores.

La alta demanda de equipos, componentes, vehículos y materiales, fruto de la reactivación del mercado, ha dejado un panorama complicado para los fabricantes y proveedores del sector: la oferta se reduce, aumentan los precios, y todo a consecuencia de la escasez de materias primas, semiconductores, componentes electrónicos, etc. que afecta a toda la cadena de valor, desde fabricantes hasta la distribución.

Además, la pandemia ha acelerado la digitalización, ha promovido el teletrabajo y ha incrementado la demanda de ocio electrónico, lo que ha provocado una gran presión sobre los stocks. Además, sectores como el 5G y la inteligencia artificial están en alza y requieren cada vez más chips, una tendencia que no se prevé que disminuya sino al contrario.

La impulsión de tecnologías verdes, vehículo eléctrico y toda su estructura alrededor, también ha contribuido a llegar a esta situación.  Se prevé que la demanda de la movilidad eléctrica aumentará notablemente en 2025, y para ello la producción de estos vehículos también tensiona la fabricación y disponibilidad de chips y metales como el cobre, la plata, el platino, que son materias primas vitales para estos vehículos sostenibles.

En nuestro sector, los proveedores se ven directamente afectados por esas inflaciones de materias primas (Crudo, Cobre, Acero y metales férricos, Aluminio, Aleación de aluminio, Plomo, Cobre, Níquel, Petróleo, Aceite, Madera, etc.). Además, la escasez de componentes hace incrementar el plazo de entrega de chasis (cambios, sistemas electrónicos, motores, …)

Al ser los plazos de entrega cada vez más largos, los carroceros tienen dificultades para comprometerse en un precio con la volatilidad actual de las materias primas. Y algo impensable antes, puede haber cambios de precio una vez hechos los pedidos.

También los lanzamientos de nuevas generaciones de vehículos generan incremento de precios que alteran el flujo de pedidos generando carencias y aumentando globalmente los plazos de entrega.

Todo ello incrementado además por una subida global del coste del transporte.

Estos factores repercuten inexorablemente en servicio y precios.

Las previsiones son poco positivas a corto plazo, trasladando la tensión de toda la cadena de suministro hasta el año 2022. Un problema a escala global que ya es una de las grandes preocupaciones del sector, pero en la que fabricantes y proveedores están invirtiendo para encontrar soluciones, desde nuevas inversiones para aumentar la producción y la deslocalización de suministros de Asia para abastecimiento desde Europa.

Desde Fraikin somos positivos, el sector volverá al equilibrio una vez superadas las tensiones de fabricación y suministro. Pero de momento, la mejor forma de afrontar esta problemática es modificar ligeramente la forma de funcionar anterior y trabajar con nuestros clientes con planificación y suficiente antelación para que los tiempos y costes de fabricación no impacten en la operativa.